COVID-19: ¿SÓN ÚTILES LAS MASCARILLAS FACIALES ARTESANALES EN LA PREVENCIÓN DE SU CONTAGIO?

COVID-19: ¿SÓN ÚTILES LAS MASCARILLAS FACIALES ARTESANALES EN LA PREVENCIÓN DE SU CONTAGIO?

Apreciados lectores:
Pensé en este capítulo en adentrarme en el mundo de los virus, explicar lo que son y centrarme a posteriori en el coronavirus desde una perspectiva exclusivamente biológica, pero esta pandemia van tan deprisa que creo que hice bien en no hacer un programa reglado.
Creo que ahora es más importante centrarse en el hoy y en el ahora, así que este capítulo entra en la defensa frente al COVID-19 y lo hace centrándose en el uso de las mascarillas. Vendrán otros capítulos, ahora urge ayudar.
Bien, lo primero, y luego veréis por qué, es explicar el concepto tan mencionado de carga viral.
Veamos, aunque nadie lo sepa exactamente, es probable ya que media humanidad haya tenido contacto con el COVID-19. La mayor parte de personas no han experimentado aun ni experimentarán síntoma alguno, pero durante un tiempo que no conocemos aun son contagiadores. También, y esto es lo positivo, seguramente esas personas también han o hemos desarrollados anticuerpos (AC = Defensas) contra el virus, lo que, en buena lógica, nos debería conceder inmunidad frente a una segunda oleada del mismo virus, pero ahora aun no lo sabemos, ni sabemos cuánta, ni por cuanto tiempo, ni si será útil si el COVID-19 sufre una mutación, es decir un cambio en su secuencia genética o, en otras palabras, en su estructura.
Por eso es importante saber qué es la carga viral, es decir la cantidad de virus que tenemos en nuestro organismo. 
Se nos dice que éste es un virus peligroso, sobre todo para personas mayores que tienen otras enfermedades crónicas y previas a la infección por el COVID-19. A la luz de los números, de los fríos números tras los que se esconden seres humanos con nombre y apellidos, cada uno con su historia, eso parece claro y, sin embargo, leemos que gente joven y sin enfermedades conocidas también fallece. ¿Por qué? No tenemos una respuesta clara al respecto todavía, pero, si os fijáis, esas personas suelen tener en común haber estado mucho tiempo y muy cerca de personas contagiadas y con síntomas, así que se han infectado, pero, a diferencia de la mayoría de gente sana de menos de 50-60 años, han muerto. Bien, a mi lo que se me ocurre pensar es que no es lo mismo tener un contacto superficial con el virus, por ejemplo haciendo cola para comprar el pan, que estar trabajando en un servicio de Urgencias de un hospital como hacen los sanitarios o desinfectando una residencia de personas de la tercera edad como hace el ejército. La diferencia es la carga viral que vamos a tener tras el contacto: es mucho más probable que nuestra carga viral sea pequeña si el contacto ha sido mínimo que si el contacto ha sido duradero, luego a mayor carga viral más riesgo de padecer la enfermedad y de hacerlo de forma grave. Aunque apenas hay estudios ya concluidos sobre el tema he encontrado uno muy reciente de un grupo de investigadores de la Facultad de Medicina de Hong Kong (Liu Y y cols) que parece confirmar esta teoría (1).
En consecuencia podemos establecer una primera conclusión: las personas que se hallan más en contacto con el virus son las que deben ser las más protegidas, no sólo por un deber ético, sino por un deber social, hay que proteger más a los que más nos protegen a nosotros. Para esas personas hay protecciones de todo tipo ya homologadas y sus mascarillas no pueden ser como las mascarillas que llevemos en casa, en la calle o en el trabajo. Sin entrar en el detalle técnico de las mascarillas de la personas que trabajan en primera línea, esas no se compran en las farmacias y un buen servicio de salud debe disponer de ellas para facilitárselas a los que las necesitan.
Hasta aquí hay consenso científico y no hay lugar a la discusión, al menos a día de hoy.
Bien, la pregunta es ¿debe toda la población confinada llevar algún tipo de mascarilla en casa o, sobre todo, cuando sale a hacer la compra o a pasear a su perro, dos de las pocas actividades que el confinamiento legal permite? Y aquí es donde no hay consenso.

Mascarilla de farmacia

Así que acudo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y lo que nos decía la OMS el 29 de Enero del 2020 es que no era necesario utilizarlas si no teníamos síntomas (2). También nos decía en el mismo artículo que las mascarillas de tela no se recomendaban en ninguna circunstancia. El problema es que uno va a una farmacia y no encuentra mascarillas, pero con suerte la farmacia te pone en una lista de espera para avisarte cuando tengan una a 20€ la unidad como mínimo. Insisto y vuelvo a la OMS y lo que encuentro hoy 8-4-2020 es que ya se recomienda utilizar mascarillas en casi todas la situaciones. No veo, igual se me escapa, que la última recomendación diga nada acerca de las mascarillas de tela (3). Es decir que la OMS ha cambiado de criterio de forma radical en un periodo de algo más de dos meses.

Bien, busco en la bibliografía mundial referencias acerca del diámetro del COVID-19 y me encuentro de todo, desde estudios que dicen que el virus tiene un diámetro de 120 nm «aproximadamente» (nanómetro: mil millonésima parte de un metro) (4) hasta otros que dicen que no está probado que el diámetro sea de 400-500 nm, pero que puede ser 5.000 veces más largo que el de la mayoría de coronavirus conocidos (5). En resumen, yo al menos no puedo aseverar tras revisar la literatura científica el diámetro del virus, pero acepto lo que me pueda enseñar cualquier virólogo acreditado. Después veremos la importancia práctica que puede tener saber cuál es el diámetro del virus en relación con el uso de las mascarillas para protegernos del contagio.

La cosa es que el virus no «vuela solo». El virus se transmite de persona a persona a través de las gotitas de «flügge», esas que expelemos al toser, estornudar o reírnos a carcajadas. Puede que se transmita a través del contacto con materiales en los que haya caído una gotita de «flügge»: plástico, madera, metal, etc., pero para eso están los guantes y de eso hablaremos otra vez.

¿Cuál es el diámetro de las gotitas de «flügge»? Bien, las gotitas de «flügge» tienen, de acuerdo con el Ministerio de Sanidad español (6) un diámetro superior a las 5 micras (una micra es la millonésima parte de un metro). Esas gotitas, según la misma fuente alcanzan 1-2 metros aproximadamente al ser expulsadas por tos, estornudos y carcajadas.

Así que, ya que el COVID-19 se transmite a través de las gotitas de «flügge» y éstas tienen al menos 5 micras de diámetro, las mascarillas que ahora ya no descarta, sino que más bien recomienda la OMS, deberán estar hechas de materiales cuyos poros no superen esas 5 micras, de manera que las gotitas no crucen la barrera de la mascarilla si tosemos, estornudamos o nos reímos a carcajadas, algo poco frecuente si uno lleva puesta una mascarilla (de esto último permítaseme que no busque estudios que lo confirmen).

El diámetro de las fibras de algodón oscila entre 1 y 22 micras de diámetro (7), pero el diámetro de sus poros es de 50 nm (8), es decir igual al menor diámetro de COVID-19 que he encontrado en mi revisión bibliográfica (ver referencias 4 y 5).

Lo  que intento transmitir es que los poros del algodón son al menos tan pequeños como el COVID-19 más pequeño y muchísimo más que las gotitas de flügge que lo transportan. Es más, si en una mascarilla doméstica ponemos dos capas superpuestas de algodón la posibilidad estadística de que los poros de ambas capas coincidan es casi nula.

Todo ellos me lleva a la conclusión lógica de que las mascarillas de algodón de doble capa bien confeccionadas y esterilizadas que cubran claramente la nariz y la boca deberían ser por una pura cuestión física útiles para disminuir la transmisión de las gotitas de flügge.

Obviamente esto no es más que una aproximación teórica porque habría que comprobarlo con un ensayo clínico bien diseñado para homologarlas, pero ni tengo esa posibilidad ni la emergencia mundial me lo permite, por lo tanto no recomiendo el uso de esas mascarillas artesanales a los profesionales (sanitarios, militares, policía, etc.) que se enfrentan en primera línea a la pandemia. 
Dicho esto, dada la escasez de mascarillas en las farmacias, en algunos casos, su escasa capacidad de protección, tal como he podido comprobar en un experimento casero, y su precio desorbitante (entre 20 y 25€ la unidad) me apoyo en la propias palabras de la OMS, del gobierno español y del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés) (9) para su uso en la población general, no en la que combate directamente la enfermedad, al menos como última opción, pero hecha una comparación con alguna mascarilla de farmacia, diría que ni siquiera como última opción.

Frente a esta aproximación teórica, pero basada en la evidencia científica (ver bibliografía), algún colega me ha argumentado, no sin razón que entonces la carga viral quedaría retenida en el mascarilla, lo que parece absolutamente lógico. En ese caso mi respuesta ha sido darle la razón y aconsejarle que la lave con agua a 65-70º tras su uso porque es reutilizable (el algodón resiste temperaturas mucho más altas sin desnaturalizarse).

Otro posible efecto colateral sería la alergia al algodón, pero cabe hacer notar que el algodón es un producto tan poco alergénico que se utiliza de forma habitual para desinfectar y vendar heridas y fracturas. Además cualquier otro material también puede provocar alergia.

En resumen, creo que las mascarillas de doble capa de algodón artesanales son un instrumento útil para combatir la pandemia por COVID-19 en la población general cuando no se dispone de alternativas mejores siempre que se sigan el resto de recomendaciones de la OMS en relación con la prevención de la pandemia que tanta desolación está causando en nuestro país y en otros muchos. Y, evidentemente, desaconsejo por completo el uso de estas mascarillas en los profesionales que combaten al COVID-19 en pleno frente de batalla.
Dr. José A. Delgado, especialista en la Industria Farmacéutica, Director Médico de IPSEN-PHARMA durante 11 años (2003 a 2013, ambos inclusive) y coordinador internacional del estudio fase III pivotal en el cáncer de mama PARSIFAL dos años después en MEDSIR ARO (2014 a 2015, ambos inclusive).

Bibliografía comentada: 1) Liu Y et al. Viral dynamics in mild and severe cases of COVID-19. Lancet, March 19, 2020. https://www.thelancet.com/journals/laninf/article/PIIS1473-3099(20)30232-2/fulltext; 2) https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/330999/WHO-nCov-IPC_Masks-2020.1-spa.pdf; 3) https://www.who.int/es/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/advice-for-public/when-and-how-to-use-masks; (4) https://www.britannica.com/science/coronavirus-virus-group; 5) https://africacheck.org/spot-check/viral-unicef-message-about-preventing-coronavirus-infection-a-mix-of-some-truths-and-half-truths/; 6) https://www.mscbs.gob.es/ciudadanos/enfLesiones/enfTransmisibles/docs/anexoII_junio2006.pdf; 7) http://www.fao.org/natural-fibres-2009/about/15-natural-fibres/es/; 8) https://pubs.acs.org/doi/10.1021/ie501071h; 9) https://www.msn.com/es-es/noticias/internacional/europa-cambia-de-postura-sobre-las-mascarillas-y-las-recomienda-también-a-asintomáticos/ar-BB12kdz1?ocid=spartanntp

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abril 9, 2020

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